Brick
De nuevo Sundance nos vuelve a “recomendar” una película ignorada por la mayoría pero que tiene muchos puntos para convertirse en una de esas películas “¿Has visto… ?” que saltan en conversaciones aisladas.
Brick tiene un guión que parece sacado de la mente de Raymond Chandler (sí, ya se que es un tópico comparar cualquier película “detectivesca” y oscura con algo de Chandler, pero que le vamos a hacer, mi mente es limitada y no da para más), excepto que Chandler debería haber sido raptado por adolescentes drogatas y obligado a ver continuamente reposiciones de las series de institutos americanos. Si Chandler hubiese pasado ese calvario seguramente hubiese acabado escribiendo Brick.
No es Los Ángeles, ni es Marlowe, pero desde luego tiene todos los elementos del cine negro de los 50 y los 60 (y según IMDb con homenaje a El halcon maltés incluido) renovado y puesto al nivel de las películas actuales. La acción sucede alrededor del instituto de un pueblo sin nombre californiado donde aparece muerta una chica. En un previsible (porque es típico de este tipo de cine, y porque últimamente está de moda) flashback se nos mostrará parte de la historia para que empecemos a unir las piezas del puzzle.
La historia sigue el punto de vista de Brendan, que muchas veces parece el hijo perdido de Jake Gittes (incluso estaba esperando oír al final “Olvídalo, Jake. Es Chinatown”), que había mantenido una relación con la futura asesinada, por lo que cuando aparece de nuevo en su vida intenta ayudarla, aunque al final acabará investigando quién la asesinó y por qué.
Inmediatamente somos introducidos a un montón de personajes (muchas veces, hasta que la cosa se aclara, me perdía bastante con los nombres) que conocían o habían tratado con la víctima: una femme fatale (y qué pedazo de femme fatale), un camello de instituto, un jefe de banda, el capitán del equipo de futbol… excepto porque la chica muerta no se llama Laura Palmer el escenario se parece mucho al que nos cautivó hace 16 años en Twin Peaks, de hecho hay mucho del surrealismo de Twin Peaks en Brick.
Si de algo me parece que falla Brick es de no ser una película redonda. Está muy lograda y durante muchos puntos estás al borde del asiento deseando saber como acabará la escena, pero otras partes de la película simplemente se arrastran lentamente hasta el siguiente momento interesante. Quizá el comienzo acelerado haga que la parte media de la película parezca tan lenta, pero quizá esté hecho a propósito, ya que sin ese “descanso” quizá seríamos incapaces de unir todos los cabos al final. Otro fallo, a mi parecer, es que no conseguí simpatizar con ninguno de los personajes, ni siquiera con el que se supone que debes simpatizar, por lo que la lentitud de la parte media añadida a mi desinterés por los personajes quizá le haya bajado un par de puntos a la película.
Una cosa que sí que me gusta es que la película no intenta ser más lista que tú: no esperéis un giro al final porque no lo hay. A cambio de ese giro siempre están las dobles traiciones clásicas del cine negro, que posiblemente hagan innecesario el giro (otro elemento tan de moda en el cine actual y que agradezco que no apareciese).
O quizá sí tenga ese giro, pero esté hábilmente oculto a la vista del espectador (quizá oculto en un suspiro y en una frase en mitad de una conversación), que sólo cuando los créditos han terminado dice: “Espera, y si…”.

