/me atascado
Dejando al lado puntos de vista metafísicos he estado atascado dos días seguidos… uff, eso suena mal, mejor que lo explique: Madrid me odia, y yo le odio a él. Ha decidido que lo más divertido es que yo esté parado en medio suyo en una caja de metal, es un “gracioso” de cuidado.
Por una serie de circustancias (que ya duran lo suyo), Madrid es mi patio de recreo y mi forma más abundante de perder el tiempo. Desde ayer a eso de las 12:30 he calculado que he estado unas 8 horas atascado en las mismas 4 calles de Madrid, juraria que algunos de los coches que me he cruzado estaban en la misma situación. En esas 8 horas he recorrido 100 kilómetros ¡estando completamente parado! Obviamente las autoridades incompetentes no pueden hacer tu visita más amena o más sencilla, no creo que viera grandes desplieges de luces (ni las famosas palabras, “croquetas” incluidas, que por cierto este año aún no he hecho mi recorrido para ver las luces de navidad, que ya va siendo hora), pero sí de diversas formas de vallas de obra (rojas, naranjas, blancas, de metal, de rejilla, a franjas, etcétera).
Porque eso sí, el alcalde impone los parquimetros en todo el centro de Madrid pero por si acaso eso no crea problemas con coches dando vueltas buscando sitio para aparcar en zona azul (¿por qué azul? ¿no es el verde sinonimo de libertad? ¿de bien hecho? ¡que lo del azul se lo aprendan los residentes!) decide poner unas cuantas obras que ocupen varios carriles de la Gran Vía (convertida para estas fechas tan especiales en Camino de Cabras Pueblerino, por su anchura, no por sus viadantes, que eso quede claro), las eternas obras del scalectrix de Cuatro Caminos,… (supongo que todo para que en Madrid 2012 nosotros, sus habitantes [bueno, vale, yo vivo a las afueras], no podamos decir eso de “Madrid en Agosto es una delicia”).
Gracias a Dios la radio del coche no estaba estropeada y eso me ha permitido escuchar cosas muy apetecibles, por ejemplo ayer por la tarde Diego Manrique (del programa Ambigú de Radio 3) presentó en su inciso en el programa La Ciudad Invisible la lista de las 50 mejores versiones, pero gracias al cielo (hoy debo estar religioso, deben ser las fechas) no puso la primera (Jimi Hendrix versionando a Bob Dylan), sino la segunda, los increibles Pet Shop Boys versionando al no menos increible Elvis Presley y su “Always in my mind” (a mi parecer superando a Elvis, pero sobre gustos colores). Eso me alegró la tarde.
Eso y volver a oir a L Kan, un pequeño grupo (cuento como mucho tres componentes) con unas letras y unas melodías increibles, ayer mismo tenian un concierto en el Ochoymedio Club (al que obviamente no fui) presentando su último disco Discazo. En la web podeis descargar un par de muestras de su música y un par de canciones en directo.
Y esta mañana escuchando Siglo XXI (por cierto, luego he escuchado El Ambigú y Diego Manrique se ha empeñado en llamar a los mash-up bootlegs, irónico que alguién que sepa tanto de música se equivoque en un término, aunque sea de relativamente nueva creacción) he escuchado una cosa curiosa: el amor debería medirse en Amperios, ya que hablamos de la intensidad del amor… obviamente discrepo (si no ¿para qué lo voy a poner aqui?): la intensidad es (físicamente) el flujo de energía (obviamente no discutiremos aqui si el amor es un flujo de energía o no) pero no sólo se mide en Amperios. La intensidad eléctrica sí se mide en Amperios, pero otras intensidades (por ejemplo la luminosa) se miden en otras unidades (la candela, en el caso comentado).
Pero dejemos eso a un lado. Desde las clases de 7º de EGB (¿alguién conoce un conversor gratuito entre cursos de diferentes planes de estudios? :P) de todos es sabido (o copiado en el examén, según proceda) que la Intensidad por la Resistencia es igual al Voltaje (V=IR). Apliquemos tal formula al amor… suponemos que el voltaje nos indica la cantidad de chispas que echamos con otra persona (cuantas más chispas, más tensión sexual, más amour…) y supongamos la intensidad de nuestro amor fija (baja, alta, media, inexistente, da igual), el caso es que ahí está la resistencia para ayudarnos. Si la “cima” en la que tenemos que “plantar nuestra bandera” se resite mucho entonces nuestro voltaje mutuo aumenta, si encima nosotros nos resistimos a abandonar y no nos fijamos en otros objetivos eso provoca más resistencia (la nuestra frente a las demás personas, que en ese momento nos importan bastante poco comparadas con nuestro “objetivo”). De forma que cuanto más se resista nuestro “objetivo” más chispas saltaran entre nosotros…
Creo que el tipo que propuso lo de los Amperios no lo había meditado concienzudamente, si lo hubiera hecho sabría que el amor se mide en litros… de las lagrimas derramadas por (de causa, no de pertenecia) la otra persona.
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